Un recorrido por el orden de los módulos, el ritmo de entrega de ejercicios y las condiciones reales con las que se sostiene un proyecto de interiorismo dentro de la plataforma.
Cada módulo sigue un recorrido fijo que empieza por entender el espacio y termina en una propuesta revisada. Los tiempos dependen del ritmo de cada estudiante y de la complejidad del interior que se esté trabajando.
Antes de dibujar nada, se aclara qué tipo de espacio se va a estudiar, qué nivel de dibujo tiene la persona y qué quiere resolver: distribución, luz, materiales o perspectiva. De ahí sale el encuadre inicial y las referencias que se van a usar durante el módulo.
Se trabaja primero a mano y luego en digital para fijar proporciones, alturas y recorridos. En esta etapa importa más la estructura que el acabado: líneas de horizonte, puntos de fuga y masas generales del mobiliario. Los ajustes se hacen sobre papel antes de pasar al modelo.
Con la idea ya ordenada, se construye el modelo tridimensional y se prueban combinaciones de roble, microcemento, lino o latón según el uso previsto de cada estancia. Aquí se revisa cómo envejecen los materiales y qué zonas conviene dejar más neutras.
El proyecto se revisa contra el boceto original para comprobar que no se perdió la intención espacial. Se corrigen luces, encuadres y detalles antes de la entrega final, que incluye vistas del interior y una breve memoria de decisiones.
Si quieres ver cómo se aplica este proceso en un caso concreto, revisa el ejercicio de perspectiva en interiores domésticos o escríbenos desde contacto para plantear tu propio punto de partida.
Cada módulo avanza en un orden concreto: primero se entiende el espacio, después se dibuja, luego se modela y al final se presenta. Estos son los momentos que marcan el ritmo del curso y lo que se espera de ti en cada uno.
Antes de dibujar nada, se analiza la planta, la orientación de la luz y los recorridos. El ejercicio de arranque pide medir una habitación real y decidir desde dónde se va a mirar. Sin ese punto de partida, cualquier boceto posterior queda suelto.
Se trabaja la línea de horizonte, los puntos de fuga y la proporción de los volúmenes. La entrega de esta etapa es una serie de bocetos del mismo interior desde dos alturas distintas, con correcciones anotadas sobre el propio dibujo.
El boceto elegido pasa al laboratorio 3D. Aquí se definen muros, mobiliario y superficies, y se prueba cómo se comportan roble, microcemento o lino bajo la luz del proyecto. Es la etapa más larga y la que más revisiones intermedias recibe.
Con el modelo cerrado se ajusta la paleta, el contraste y la temperatura de la escena. Se comparan versiones en la galería de interiores y se descartan las que no sostienen la intención inicial. Aquí suele aparecer la diferencia entre un render correcto y un espacio creíble.
Se reúnen bocetos, vistas del modelo y una breve memoria que explica las decisiones. La revisión final es individual y se apoya en la biblioteca de referencias para contrastar el resultado con proyectos similares.
Los tiempos son orientativos: quien compagina el curso con trabajo suele repartir las etapas en más semanas. Lo que no se salta es el orden, porque cada bloque depende del anterior.